Siempre lo han llamado el rio del oro. Mi abuelo cruzó el
inmenso oceáno para buscar en él el deseado
mineral. Y lo encontró. Mi padre creció en sus orillas, y conoció a mi abuela,
que siempre hizo que sus días fueran más brillantes. Yo no soy un triunfador,
ni he encontrado a la mujer de mis sueños, pero cada día espero ilusionado el
cálido atardecer para sentarme en la
orilla y esperar paciente el tesoro que también un día me regalará.
Espacio creativo del Club de Lectura de Bellavista dedicado a microrrelatos de ochenta palabras.
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jueves, 21 de noviembre de 2013
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Como oro en paño
Ven mi niña , siéntate aquí, cerquita para que pueda escucharte bien. Por lo que me cuentas, te promete el oro y el moro. ¿Te ofrece un palacio?, créeme una jaula de oro no deja de ser una prisión. Debes saber que no es oro todo lo que reluce, no te engañes. Hija mía, ¡el tiempo es oro! Hazme caso, te lo digo yo, que un día hace mucho ya, me deje embelesar por los dorados destellos y los esplendorosos reflejos...
lunes, 18 de noviembre de 2013
El oro de cada día
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| Talassentam- Marruecos |
levantan silenciosas, colándose en el nuevo día con la ayuda del té dulce y ardiente. En silencio se deslizan hacia el bosque con la espalda aún erguida, sabiendo que en breve se doblará bajo el peso de la leña que espera, cada vez más escasa. Mientras hombres y niños sueñan despreocupados, ellas tiran su juventud y sus sueños para llevar al douar cada amanecer el tesoro más valioso, que les permitirá
calentarse, cocinar…y despertar un día más con un cielo manchado de brochazos azules y un té ardiente y dulce
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