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jueves, 28 de noviembre de 2013

El guardián



Se despertó al momento. Su fino olfato le decía que se aproximaba a su casa un olor nuevo. Empezó a gruñir, mientras iba tratando de descifrarlo. Sí, olor humano, parecido al de sus amigos, pero había algo nuevo que le desconcertaba. Empezó a ladrar.
Cuando entraron en la casa aquellos que le pertenecían, llevaban otro más. Estaban contentos así que bajó la guardia. Miró al nuevo y vió que era un cachorro humano. Husmeó para quedarse con su olor y se dijo "a éste también lo adoptaré".

jueves, 14 de noviembre de 2013

¡Ay Huelva de mis "olores"!


Ya viniendo de Sevilla, a la altura de San Juán,
percibíamos olores a salitre y "bajamar"...
Pero, ahora ¿qué ha pasado?,
esto ya no es cualquier cosa,
se nos mete por el coche,
el olor a celulosa.

Entrando por la Isla Chica,
daba olor a vaquería
que aunque no fuese agradable,
tampoco era "porquería".

Al final de este trayecto,
nos espera el Barrio Obrero ...
bendito aroma a celindas,
a nardos y a jazmineros.

Claro, que si ahora entras,
por la antigua carretera,
solo te huele al asfalto,
y a "escapes" en la primera.

Por la Alameda Sundheim,
mientras llegabas al "Punto",
te embriagaban los aromas ,
a cabezo y jardín juntos.

Mas, por ahí (amén del tráfico),
(si todavía respiras)
te inundarán los "aromas",
que las fábricas te envían.

Seguimos a la Gran Vía
con olor a tradición,
por el jazmín amarillo ,

de la Casa de Colón.

Y el "Brasil Grande"que emana,
de las colada su olor,
a frituras y a "puchero",
y a ropa tendida al sol.
¡Qué lástima que, todo eso,
un día desapareció!

En la Plaza de las Monjas,
(ahí se ponía el broche),
despidiendo sus parterres,
olor a dama de noche.
El quiosco de "la rubia",
me perdone la hamburguesa,
su olor a las papas fritas ,
se me quedó en la cabeza.

De las tiendas de tejido,
también se desprende olor,
y de imprentas y de bares ,
de la calle Concepción

Al llegar hasta la iglesia,
se unían las sensaciones,
cuando salían de ella
por Marzo, las procesiones...
con la cera, con las flores,
y con el incienso...¡olores!

Al llegar a la Placeta,
se te cambiaba el talante,
cuando te daba la brisa ,
desde el muelle de Levante.

Olor salino, de brea,
de redes y de pesqueros,
y de cajas de caballas ,
que traían los marineros.

¿Qué ocurrirá si nosotros,
doblamos aquella esquina?
Que te emborracha el perfume,
a eucaliptos y a marisma.

¡Paseo de la Punta el Sebo!,
el de mis niños amores,
nos embriaga la brisa ,
de la ría y sus olores.

Pero, ocurrió que un buen día,
a alguien se le ocurrió,
venir a instalar en él,
el Polo de Promoción.

Y... aquello fué la debacle,
ya te picaban los ojos,
y se quemaron a un tiempo,
eucaliptos y matojos.
Lo mismo ocurría en La Rábida,
donde el olor a marisma ,
a los pinos y a la jara,
vino a ser sustituído,
por un olor a "zurrapa".

Y no vayamos a hablar,
de los olores puntuales:
Nochebuena, los pestiños,
los roscos, los polvorones,
que salían de cada casa,
y te iban anunciando,
que la noche más bonita ,
ya se nos iba acercando.

El romero en los Belenes,
el serrín, los almireces,
y las pitas y el "verdín",
del cabezo Los Ingleses.

San Sebastián, los palmitos,
"Mi Huelva tiene una ría",
tras el Santo, despacito.

La otra fiesta, la del Corpus,
tradición que aún perdura,
el aroma de la juncia y del romero...
¡gloria pura!

En las Fiestas Colombinas,
(que estaban en los tinglados),
con el olor a la brea,
de mercantes fondeados,
nos llegan otros aromas:
los del algodón de azúcar ,
los chumbos y... "El Navajaso".

Y al despuntar la mañana,
con la brisa mañanera,
los buñuelitos  bien fritos,
de gitana buñolera,
enganchados en la palma.

Y en la feria de la Cinta,
otra vez ponche y buñuelos,
por San José, La Merced,
y la cuesta Carnicero,
con flamenco, "sevillanas"
y con la Orquesta Molero.

¡Olor de la HUELVA mía!
dolor de mi tierra hermosa,
pues si queremos aromas,
(ya no huelen ni las rosas),
te vas a un Supermercado,
(¡ay tiendas de comestibles ,
con sus olores mezclados!),
y allí te compras a gusto ,
(pues para todo gusto hay),
algún aroma que emane ,
del ambientador o "espray".


ÚLTIMO OLOR

Fueron nuestros últimos instantes. Tu respiración se agitó. Me pareció que sufrías.Ya no me hablabas. Ya no me mirabas. Acaricié tu cabeza y te besé compulsivamente. Entonces tu respiración se sosegó. Y apareció tu olor. El olor que emanaba de tu cabeza y que yo trataba de aspirar hasta agotarlo. Un dulce olor que evocaba el inmenso amor que me diste y al que - ¡pobre de mi!-   nunca supe corresponder. Sabia que me dejabas. Sabía que nos estábamos despidiendo. Así,  hasta que, unos momentos después, hubiste de dejarme y expiraste, querido padre.

Autor: Juan Francisco Alcántara Toscano

domingo, 10 de noviembre de 2013

BUSCANDO


Salió a comprar el pan. Llovía y le atrapó el olor de la tierra mojada. Y fue tras él.  Pasó el tiempo y le creció el cabello, el cansancio y las arrugas. Una noche se ovilló para dormir al pie de un enorme ficus en un bosque de lluvia. Ya no se despertó. Un grupo de hombres encontraron su cuerpo inerte. Pero nunca nadie supo qué buscaba.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Tu olor


Podría cerrar los ojos y encontrarte entre cientos de cuerpos. Reconocer ese aroma tan íntimo, tan penetrante, tan natural…embriagadoramente único. Sé que te turba mi manera de arrimar la nariz a tu pecho, que te apartas incómodo cuando te olfateo descarada a modo de sabueso, pero no puedo evitar perseguir la fragancia que desprende cada poro de tu piel. No imaginas cuánto me aturde, cuánto me agrada, cómo me hipnotiza... Se despierta en mis entrañas un instinto primitivo, casi animal, que me hace perder la cordura y adoptar movimientos retrógrados, obedecer fielmente al cóctel de hormonas intempestivas que dejan seco mi vientre. Seco, y con ganas de beber. Entenderás mis pérdidas de control, mi lucha interna pero prudente, o que te culpe intransigente cuando te perfumas y enmascaras la tez. Me cuesta doblegar las maneras si ocupas mi espacio.Y es que tu olor es mi bálsamo, mi vicio, mi odorífera perdición.

martes, 5 de noviembre de 2013

OLOR DELATOR


Por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte. Obediente me lavé con aquel jabón de dulce aroma que mamá guardaba entre la ropa de la cómoda. Igual que ella, frotando insistentemente, con mucho agua para no dejar rastro de sangre. Papá nunca más nos dañaría. Pasó mucho tiempo desde entonces, sin embargo cada vez que percibo aquella  fragancia, regueros atormentados surcan mis pensamientos, tiñendo de un rojo pegajoso, una y otra vez,  mis infantiles dedos temblorosos.

SIN RESPIRACIÓN


La casa continuaba como la noche anterior, sin embargo su mundo había dado un giro de ciento ochenta grados. No podía, no quería pensar. Sus piernas se tambaleaban ante los escombros de los pilares de su vida. Llenó un vaso de leche, lo calentó en el microondas. Comienzo de un inmenso desconsuelo, una lágrima recorrió su mejilla. Principio de tantas otras por llegar y que, poco a poco,  ahogarían el cálido y acogedor olor familiar que jamás volvería a respirar.