Fablaba y
fablaba Don Rodrigo, y nunca pausaba. Pero su fabla poco me cautivaba. Refería
guerras y torneos y asuntos de estado que mi corazón no ansiaba. El mar se
extendía grandemente hasta do nuestros
ojos alcanzaban, y una luna de plata asomaba en el horizonte. La tarde caía
plácida y henchía los corazones. Y yo quería fablar de amores mas no de guerras.
Plantado dejé a Don Rodrigo y lancéme al camino de vuelta al pueblo, a comadrear con las mujeres que
tanto más me entretienen.
Espacio creativo del Club de Lectura de Bellavista dedicado a microrrelatos de ochenta palabras.
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jueves, 20 de febrero de 2014
De cómo partimos hacia la muy ilustre ciudad de Sevilla, un nutrido grupo de amantes de la lectura.
Corría el año del Señor de dos mil y catorce, cuando, el día 17 del mes primero, un grupo de amantes del dignísimo arte de la lectura de libros, residentes de la muy noble villa de Onoba, decidimos dirigirnos a la no menos noble de la de Híspalis, para conocer, por propios ojos, su más emblemático barrio: el de la Judería, agora de Santa Cruz....
Pues bien, así comienza la narración del que considero tema arto interesante, pero que dejaré para más luengo escrito, tal era el flujo lingüístico que de él surgía. Ansí que con esto doy por finalizadas mis hasta ahora, ochenta...bueno, más de cien palabras.
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